Transitar recuerdos, colmados de imágenes teatrales con una historia de treinta años, no resulta una experiencia extraña cuando la contraseña para acceder está clara: resistir a la esterilidad creativa y permanecer junto al teatro como un modo de vida. El grupo “Teatro Experimental La Salud” constituye una huella imborrable de las páginas aún no publicadas sobre el teatro saludeño. Su líder insustituible, Ovidio Domínguez, ha conmovido con el montaje de propuestas escénicas que van, entre otros, desde Lorca hasta lo criollo de La Vitrina y Provinciana, también textos de Abelardo Estorino, sin omitir a Onelio Jorge Cardoso, José Martí y las escenificaciones del fusilamiento a los estudiantes de medicina. Como excelente aglutinador de generaciones cautivadas por el teatro, Ovidio celebró este 15 de septiembre no solo tres décadas con quienes han pasado o aún están en Teatro Experimental, sino que también goza del privilegio de ser un hombre aplaudido por la multitud, pues en La Salud está coronado como leyenda.
Al comienzo, aquellos primeros aventureros que ensayaron en su terraza, donde “Mima”, como recuerda a su madre, también cosió los vestuarios, quizás no pensaron que serían realmente absorbidos por la historia de un pueblecito pequeño pero capaz de conmocionar, o como dicen algunos alumnos “dar la talla con buena onda”. En Ovidio, la pedagogía perdió a un maestro por culpa de pensamientos “neandertales” y excluyentes que impidieron su admisión a una escuela pedagógica, pero los saludeños ganaron a un hombre consagrado a la creación escénica en un pueblo desfavorecido por muchas razones, excepto por la candidez de su gente. Ahora que la moda intelectual insiste en el trabajo comunitario y en ocasiones califica así a cualquier cosa, alguien debería bajar de su burbuja enajenante para descubrir 30 exitosos años de verdadero quehacer comunitario. Teatro Experimental ha resistido el paso del tiempo, las idas y venidas, el adiós sin retorno, la irreverencia insana de quienes deberían y podrían situarlo en un sitio adecuado de la tradición teatral y la labor comunitaria, al menos a nivel de provincia.
No obstante, muchos de los grandes hombres son aquellos creadores desconocidos por las élites, pero adorados por la gente que todos los días se atreve a sostener sus sueños; personas sin artificios, ostentando el mejor de los status: vivir con los pies en la tierra sin perder la sencillez y ser seducidos por instantes efímeros pero conmovedores, como los gozados con Teatro Experimental.
¿Qué saludeño no se ha visto implicado en las creaciones de esta agrupación? Cualquiera ha puesto un clavo, resolvió madera, tela, regaló cartón o, si no, disfrutó de la puesta en escena. Cada álbum de fotos conservado celosamente por Ovidio guarda un testimonio de su obra. Es posible recorrer el mundo con los bailes y la música de la revista Calidoscopio Musical, reír con los simpáticos guajiros y las pintorescas escenas del costumbrismo cubano, o encontrar creaciones más arriesgadas y contemporáneas. Es todo un ritual la manera en que protege y muestra las fotos, explicando cada detalle, incluso permitiendo identificar a los que hoy tienen la juventud acumulada. Trascender los muros que limitan, cercenan o neutralizan la renovación es un hábito de Experimental, donde confluye la aproximación hacia nuevas tendencias, mientras su director también rememora los tiempos del Teatro Martí y aquellas grandes figuras con interpretaciones impresionantes. Son décadas pasadas cuyos recuerdos nunca matan; ese sabor es el que propone y hacia donde convida a sus discípulos durante el acto creativo.
El espacio de la “Galería Américo Cruz” se ha tornado madriguera de su adicción teatral, sitio para liberar cuanto puede en la intimidad provocadora del proceso de montaje. Los textos, el movimiento, la concurrencia de los actores, hacen del ensayo una lujosa convivencia de sensaciones estimulantes, convirtiendo a todos en protagonistas de nuevos sucesos comunitarios: los estrenos de Ovidio.
Ser saludeño es casi un modo de vida, una conducta peculiar y hasta un reto para existir. Contar con Ovidio en este pueblo, estrechar su mano, aplaudir al Teatro Experimental, ensancha aún más nuestro ego popular, duela a quien duela y pese donde pese. Para comprender la grandeza de estos treinta años de creación experimental es necesario ser saludeños, lo cual constituye un privilegio concedido únicamente si se nace en este pueblo, alguna vez abarrotado de maní. Los aplausos, este domingo 16 de septiembre, estremecerán las paredes del otrora centro obrero, seguramente marcando otro momento increíble para nuestra historia comunitaria.